Las gallinas, la zorra y el corral.

 

Las gallinas, la zorra y el corral. Jorge Revenga

Me colegié en el año 1987 y desde entonces hasta 2004 -si no recuerdo mal-, estuve dado de alta como letrado del turno de oficio. Ya entonces se cobraba mal, poco y tarde, aunque esa no fue la razón de mi baja. Los colegios y el Consejo General de la Abogacía se quejaban públicamente del sistema sin que, veinte años después de mi baja, la situación -por lo que oigo- haya cambiado para bien. Eso sí. En los últimos años se celebra el día de la Justicia Gratuita con despliegue de fotos y de medios, hasta hay calles con el nombre del “abogado de oficio” pero unas retribuciones dignas y en tiempo y forma, parece que no han llegado aún. Desde fuera, por tanto -fui miembro de la Junta de Gobierno de mi Colegio durante un mandato y, estando dentro se tiene más información-, parece que la eficacia reivindicativa de los órganos representativos de los abogados no han servido de mucho, permítasenos el eufemismo.

En la actualidad otra patata caliente está en las manos de nuestros representantes: el asunto de las pensiones de la Mutualidad que, ahora, ya no se llama de la Abogacía. Desde hace casi dos años, un sinnúmero de boomers que estamos próximos a alcanzar la edad de jubilación, salimos a las calles y hacemos pública la grave complicación a la que nos veremos avocados al alcanzar la meta de un merecido descanso por edad, y que no es otro que, con las pensiones que ofrece ese sistema impuesto por una antigua legislación preconstitucional, los letrados que se jubilen, con pensiones inferiores al IMV, no podrán a buen seguro vivir dignamente.

Recuerdo la primera manifestación ante la Asamblea de la Mutua celebrada en junio 2.023: un nutrido grupo de abogados de toda España, frente a las puertas, y con una policía vigilante desde la distancia no fuera a ser que los abogados mutáramos en delincuentes, gritábamos las mismas consignas por las que se sigue luchando, una “pasarela” al RETA que no olvide a nadie y que, además, sea justa para todos.

Entonces, quienes asistieron a esa asamblea miraban hacia otro lado. Incluso algunos, desde dentro, se asomaban con desdén ojeando a los de fuera con una especie de actitud de desprecio  desafiante, lo que hizo que muchos nos sonrojáramos al ver esos ademanes de los supuestos compañeros de profesión. De algún insulto proferido desde fuera también nos avergonzamos algunos, todo hay que decirlo.

Llegó el año siguiente, la Asamblea del 2.024, en la que ya había dentro muchos representantes de esos letrados que estamos a punto de jubilarnos y que no forman parte de la “abogacía institucional”. Habían llegado a la asamblea después de haber sido elegidos en los distintos colegios en las asambleas territoriales, alguna de las cuales acabó, para bochorno de todos, en los tribunales por observar prácticas irregulares en el recuento de votos. Esa reunión ya no fue para la Mutua un camino de rosas como habían sido desde tiempo inmemorial las anteriores.

Desde esa fecha, más o menos, ya ha habido algún decano que se ha acercado al problema. No muchos, la verdad. Algunos (pocos para la importancia del asunto pues deberían estar todos), incluso, lo defienden públicamente. El Gobierno se ha hecho eco de estas reivindicaciones  y según parece, está estudiando una legislación que afronte la grave situación pero el mayor problema -vuelvo a decirlo desde fuera porque carezco de información fidedigna- es que está negociando la posible solución con quienes han causado la complicación de tal forma que parece que lo que se pretende, sobre todo, es salvar los muebles de la, hoy, compañía de seguros, obviando que el verdadero problema no es de la Mutualidad sino de los mutualistas.

La sabiduría popular entiende que no debe dejarse un corral en manos de la zorra. Ésta, naturalmente, acabará comiéndose las gallinas.  No quiero pensar que el gobierno, prefiera a la zorra para negociar, sabedor de que, al fin y al cabo, las aves acabarán en la cazuela. Sería un despropósito. Debería escucharse también a las gallinas aunque su cloqueo moleste. Si no fuera así, el problema continuará sine die. No está el horno para bollos. Ni para componendas bochornosas.

  

 

                                    Imagen IA (ChatGpt).

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