"No tenéis razón". (Cuento)

 



No tenéis razón (conversaciones entre abogados mutualistas). 

Este pasado sábado 17 de junio asistí en Madrid a la protesta convocada a las puertas del auditorio de la Mutua Madrileña, lugar donde se celebraba la asamblea general de la Mutualidad de la Abogacía. No sé calcular los asistentes. Mi cabeza “de letras” me impide tal ejercicio. Quiero suponer que unos dos mil, pero en esto no me hagan mucho caso. Tampoco tiene demasiada importancia. Policías eran muy pocos -dos furgones, apenas- por lo que deduzco que, o no nos consideraban peligrosos -a los de afuera, me refiero- o que no éramos suficiente número para preocuparse. Y eso que éramos abogados.

La convocatoria fue puesta en marcha por el #MovimientoJ2, grupo espontáneamente nacido en redes sociales compuesto por abogados mutualistas francamente preocupados por las cuantías de las pensiones de jubilación que ofrece la Mutualidad en contra de lo históricamente publicitado en muchos de sus folletos. Hoy en día, aún, se siguen vendiendo las bondades de sus planes de jubilación en las facultades de derecho y en los colegios profesionales para los letrados que empiezan. Con la colaboración de los colegios. Todo hay que decirlo.

Mentiría si no dijera que, en algún momento, se recibía a quienes entraban en la asamblea con algún insulto, hecho que ni compartí ni compartiré en el futuro si es que hay más movilizaciones pues, al fin y al cabo, lo cortés no quita lo valiente y cuando se tiene razón, utilizar la violencia verbal es absolutamente inidóneo para los fines buscados. Por mucho que, obviamente, comparto el enfado de los que estábamos en la calle frente a la pasividad de quienes estaban dentro o entrando con alguna sonrisa desafiante. O eso parecía.

Al día siguiente, tomé unas cañas con un compañero al que hacía años que no veía y que es de los asistentes desde hace mucho tiempo a las asambleas de la mutua. Llegó un poco tarde cuestión que en Madrid no debe ser extraño. Yo esperaba en una terraza, a la sombra y casi como saludo, me espetó “no tenéis razón”.  ¿En qué? -le dije yo, francamente sorprendido con su alegato no pedido. Y continué:

¿Acaso no es cierto que el alta en la Mutualidad era obligatoria hasta 1996? Sí -me dijo- Eso es verdad. Y seguí: ¿es cierto que en el año 1996 quienes se fueran al RETA perdían sus aportaciones? Sí. Eso también es verdad -me reconoció-. ¿Es también verdad que los abogados, cuando se cambió de sistema perdieron una cantidad aproximada al 30% de lo aportado hasta ese momento? Sí, eso fue así. Era necesario hacerlo por solidaridad con quienes, ya entonces, estaban jubilados o hubieran fallecido, para poder pagar a sus cónyuges supervivientes -me explicó-. Y continuó él: como sabes, ahora ya no estamos en un sistema colectivo basado en la solidaridad, sino en uno individual. Cada uno cobrará lo que aporte. Es un plan de pensiones. ¡Ah! -le dije yo-, entonces, puedo llevarme mi dinero a otra entidad… No. Eso no-me dijo-. No hasta que te jubiles. Bueno, entonces, le dije, convendrás conmigo en que no es un plan de pensiones. Solo torció las comisuras de los labios. Pero no respondió.

La segunda caña me facilitó entrar en números, cosa que, como se sabe, se nos da muy mal a los abogados y le pregunté: ¿Sabes que, comparando los planes de jubilación de la Mutualidad y el Reta y, aportando un 7% más en el régimen de autónomos, se consigue un 59% más en el RETA que en la Mutualidad? Bueno-me respondió- eso no lo sé. Yo no me dedico a mirar esas tablas, eso lo llevan los técnicos.

Bueno, compañero, -continué- y si, hasta ahora vas asintiendo a todas las preguntas que te hago, ¿por qué dices que no tenemos razón? Y contestó. Porque la ley lo prohíbe. Ya- le dije-. No sé cuál porque seguro que tú estás más avezado en estos temas -ya que los ves desde hace muchos años desde dentro- pero está claro que las leyes se pueden cambiar, ¿no? Todo lo que te estoy diciendo ¿no te parece un despropósito? ¿No crees que no se puede seguir con un sistema organizativo que podría valer en el pasado -cuando éramos una “hucha común solidaria”- pero que ahora, no nos sirve? ¿Te parece normal tener unos gastos de gestión elevados y poco transparentes mientras se ofrecen unas pensiones absolutamente ridículas e indignas para quienes llegan a jubilarse? ¿No te parece momento de poner las cartas boca arriba, coger el toro por los cuernos y no seguir perjudicando a los compañeros? Porque -continué- ¿somos todos compañeros, ¿no? Los que estabais dentro sois abogados -como nosotros que estábamos fuera-. ¿No te parecería razonable intentar que el RETA se encargue de todo esto? ¿No crees que podrían pasarse los activos de la Mutualidad al RETA y que éste garantice el pago de unas pensiones dignas como en su día hicieron los notarios? O, buscar un sistema en el que, individualmente, quienes no quieran estar se puedan ir. Porque si me dices que no es posible, entonces convendrás conmigo que estamos cautivos en un sistema perverso. Bueno -me dijo- eso no es posible. Es la ley.

La tercera caña ya no la tomamos. No parecía que pudiéramos llegar a un consenso. Al despedirnos con un abrazo, los dos sonriendo, dijimos para nuestros adentros: no tenéis razón. Para ser justo, debo decir que no me dejó pagar. Él, aunque vive en Madrid, había cobrado dieta por asistir a la reunión -a la de dentro-. Yo no -a la de fuera-.

                                            Jorge Revenga

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