Ansiedades (por una pasarela al RETA justa). Jorge Revenga
Ansiedades (por una pasarela al RETA justa). Jorge Revenga
Hace ya más de dos años que el Movimiento J2 comenzó a hacer visible un problema que afecta a miles de abogados, procuradores y otros gremios que, por la existencia de una legislación que entronca en la mitad del siglo XX -en plena dictadura-, ven atrapados sus fondos que han ido aportando a sus mutualidades.
Muchos de los
que comenzamos la andadura profesional en los años 80 del pasado siglo, estamos
ya en la edad madura para comenzar a pensar en una jubilación que nos permita
vivir tranquilos en los últimos años de nuestra vida. Sin embargo, para la
mayoría -o un buen nutrido grupo- esta idea de pasar la etapa dorada -como
suele llamarse ahora- con tranquilidad, se convierte en algo imposible porque
quien debería asumir el coste de unas pensiones aseguradas y que ofreció en su
publicidad, desde tiempo inmemorial, con una equiparación económica similar a
la del Régimen Especial de Trabajadores Autónomos, no cumple -ni puede cumplir-
con lo prometido.
El sistema que nació en 1948 con un evidente propósito de solidaridad entre compañeros hace ya muchos años que dejó de ser una “bolsa común” y se convirtió en un puro negocio -para muy pocos- con financiación ajena y fácil: las aportaciones que, por imperativo legal, hemos hecho muchos a lo largo del tiempo. La confianza que durante años teníamos los compañeros en los gestores -también compañeros de profesión- se quebró hace ya bastantes lustros cuando observamos atónitos algunas inversiones que hizo la Mutualidad de la Abogacía que se tornaron ruinosas sin que nadie exigiera responsabilidades. Fuimos silenciosos cuando, hace más años aún (1996), se permitió a los abogados darse de alta en el RETA pero se advertía de que todo lo pagado hasta ese momento en la Mutualidad se perdería sine die si se dejaban de pagar las cuotas. Nada pudimos hacer cuando, en 2005, la Mutualidad pasó a convertirse en una compañía de seguros con planes individuales de ahorro -no colectivos-, permaneciendo en silencio cuando esa nueva compañía de seguros decidió descontar de la bolsa de cada letrado más o menos un 30% de lo aportado para poder seguir pagando a los pasivos. Entonces -y aún hoy- la nueva empresa aseguradora seguía ofreciendo el “oro y el moro” apuntalando su publicidad y captación de nuevos mutualistas con el apoyo de nuestros colegios que todavía hoy -la gran mayoría- además de seguir vendiendo un producto que ha resultado fallido, están posicionados en defender a Goliat dejando de lado a los miles de Davides que a la postre son sus colegiados, a quienes están obligados a defender y quienes son, además, los que mantienen las estructuras colegiales. El mundo al revés. Y es que, para vergüenza de muchos, algunos de quienes ocupan y han ocupado cargos de responsabilidad en los Colegios y Consejos, se sientan ahora -y desde hace tiempo- en las estructuras de mando de la aseguradora cobrando -algunos- importantes emolumentos. Ya lo decía mi abuela: es imposible nadar y guardar la ropa.
El pasado
sábado 22 de febrero unos 20.000 compañeros volvieron a tomar las calles de
Madrid para gritar a los cuatro vientos el absoluto despropósito de la situación
impuesta. Y es que, vivir con pensiones inferiores al IMV no parece ser posible -permítaseme no usar palabras mas gruesas-.
Es urgente, y necesario, por lo tanto, legislar un sistema justo que, para todos los afectados (pasivos, alternativos y complementarios) permita aplicar una regla fácil de entender: si se nos dijo que pagáramos una cantidad determinada -y así hicimos- y se prometió que, con esas aportaciones, se recibiría una suma similar a la que se cobra en RETA, pacta sunt servanda. Si el Estado que en su día delegó en esas mutualidades las coberturas de esas contingencias, no supervisó el sistema, se ha convertido en cooperador necesario. Y unas y otro, deben dar una solución justa, equitativa, necesaria, rápida y sin componendas entre grandes.
Los pequeños,
los miles de afectados, además de cargar con una iniquidad estamos pasando por
un periodo de ansiedad importante, pues vemos que nuestro futuro está en manos de irresponsables
pues, quien no cumple con sus obligaciones, es el epíteto que merece.
Suum quique tribuere. ¡Ay! Si Ulpiano levantara la cabeza...

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